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Se quedó mirando cómo intentaba matar a mi bebé. Así que regresé de la muerte para enviarlos a ambos a una prisión de máxima seguridad.”


PARTE 1: EL CRIMEN Y EL ABANDONO

El viento aullaba contra los inmensos ventanales del ático de cristal en el centro de Manhattan, mientras la lluvia golpeaba como si el cielo estuviera furioso por la atrocidad en su interior. Aurelia se aferraba desesperadamente a su vientre de ocho meses de embarazo, sosteniendo unos pesados documentos legales que temblaban entre sus dedos pálidos. Frente a ella, ajustándose la corbata con una indiferencia clínica y espeluznante, estaba Tristan Morvan, el despiadado CEO de Morvan Enterprises, el hombre al que había amado incondicionalmente y que ahora la miraba con desprecio absoluto. A su lado, con una sonrisa lánguida y venenosa, se encontraba Camilla Thorne, su ambiciosa asistente ejecutiva, su amante en las sombras y la mujer por la cual Aurelia estaba siendo cruelmente desechada.

“Firma los malditos papeles de divorcio de una vez, Aurelia”, exigió Tristan con una voz gélida, carente del más mínimo rastro de empatía. Le recordó brutalmente que el acuerdo prenupcial era claro, que no le correspondía absolutamente nada de su inmensa fortuna, y que los empleados de la mudanza llegarían en diez minutos para arrojar sus escasas pertenencias a la calle. Aurelia apenas podía respirar mientras el dolor agónico de la traición le quemaba la garganta, suplicando con lágrimas en los ojos que estaba a punto de dar a luz a su hijo y rogando que no la echara a la intemperie en medio de una tormenta. Tristan soltó una carcajada seca, escupiendo que su prioridad no era la caridad familiar, sino el vital contrato farmacéutico de cincuenta millones de euros que estaba a punto de firmar con Sterling Global.

De repente, un dolor agudo y abrumador atravesó el vientre de Aurelia, haciendo que sus rodillas cedieran y cayera pesadamente sobre el inmaculado suelo de mármol italiano. El agua se derramó por sus piernas; había roto fuente prematuramente debido al estrés extremo y al terror. Alzó una mano temblorosa suplicando ayuda por la vida del bebé, pero Tristan miró su reloj de oro macizo con fastidio, dio un paso atrás para evitar manchar sus zapatos de diseñador y le dijo fríamente que llamara a una ambulancia ella misma. Sin mirar atrás, se marchó con Camilla hacia el ascensor privado, dejándola agonizando y sola en el suelo frío.

Mientras la oscuridad del dolor y la hemorragia comenzaba a nublar su visión de manera irreversible, la joven asustada, enamorada y sumisa murió irrevocablemente. En su lugar, un depredador calculador despertó en medio del charco de sangre. Las lágrimas de desesperación fueron reemplazadas por la gélida claridad de un odio absoluto, estructurado y primordial que consumiría todo a su paso.

¿Qué juramento silencioso y bañado en sangre helada se hizo en la oscuridad mientras prometía reducir a cenizas el imperio de su verdugo?

PARTE 2: EL FANTASMA QUE REGRESA EN LAS SOMBRAS

Aurelia sobrevivió a la noche más oscura, agónica y terrorífica de su vida por puro milagro médico y una voluntad de hierro forjada en el fuego de la traición absoluta. Gracias a la rápida y desesperada intervención de una doctora de urgencias que la encontró desangrándose en el ático vacío, logró dar a luz a un niño prematuro pero médicamente estable y perfectamente sano, al que llamó Lucius, su única luz en las tinieblas devoradoras. En el certificado de nacimiento oficial del hospital, en la sección correspondiente al padre, Aurelia escribió con un pulso firme y gélido la palabra “Desconocido”, borrando a Tristan Morvan de la existencia de su linaje y convirtiéndolo en su mente en un simple objetivo táctico programado para la aniquilación total.

Mientras se recuperaba lentamente en la cama esterilizada del hospital, completamente sola, abandonada y sin un solo centavo en sus cuentas congeladas, Aurelia solicitó a los abogados del estado que abrieran las antiguas cajas de seguridad bancarias que le había dejado su difunta madre hace años. Su madre, una mujer silenciosa y melancólica, nunca había hablado del pasado ni de sus orígenes, pero entre viejos diarios polvorientos y joyas sin valor comercial, Aurelia encontró una pesada carpeta de cuero negro sellada herméticamente. En su interior, descubrió documentos de adopción originales, certificados de nacimiento clasificados y pruebas de ADN irrefutables que revelaban una verdad capaz de alterar el orden económico mundial.

El nombre de su padre biológico estaba impreso en tinta negra y clara, y al leerlo, el corazón de Aurelia se detuvo por una fracción de segundo ante la monumental ironía del universo: Magnus Von Sterling. El billonario recluso, el intocable titán de la industria farmacéutica europea, el CEO absoluto y fundador de Sterling Global; era exacta y precisamente el mismo hombre al que Tristan Morvan estaba rogando y persiguiendo desesperadamente para asegurar un contrato que salvaría a su mediocre empresa de la quiebra inminente. El destino no solo le había proporcionado una simple salida de la miseria, sino que le había entregado en sus manos temblorosas el maletín con los códigos de lanzamiento para una detonación nuclear corporativa que borraría a sus enemigos de la faz de la tierra.

Utilizando astutamente los últimos recursos y favores que le quedaban, Aurelia logró sortear los impenetrables anillos de seguridad y contactar directamente a la oficina privada y ultra secreta de Magnus Von Sterling en Ginebra, enviando copias encriptadas de las pruebas genéticas. Cuando el anciano y poderoso billonario descubrió que tenía una hija legítima de su único amor del pasado, y peor aún, cuando sus investigadores le informaron detalladamente cómo Tristan la había arrojado a la calle para morir desangrada mientras estaba embarazada de su nieto, su furia fue absolutamente apocalíptica y destructiva. Magnus quiso enviar a sus mercenarios para destruir físicamente a Tristan ese mismo día y borrar Morvan Enterprises del mapa económico en cuestión de horas.

Sin embargo, Aurelia, volando a Suiza en el jet privado de la familia, lo detuvo con una mirada gélida. “No, padre”, dijo ella con una voz tan fría y desprovista de emoción que heló la sangre del viejo titán financiero. “Una muerte rápida o una quiebra instantánea es un regalo misericordioso que ese monstruo no se merece bajo ninguna circunstancia. Quiero desangrarlo gota a gota, quiero que vea cómo su imperio y su cordura se desmoronan pedazo a pedazo, y quiero que, en su último segundo de lucidez, sepa que fui yo quien sostuvo el bisturí quirúrgico que lo destripó.” Magnus sonrió con un orgullo oscuro y absoluto, viendo en ella a la implacable heredera de la dinastía Sterling.

Aurelia desapareció inmediatamente del radar público y social, siendo declarada ilocalizable. Bajo la estricta, secreta y multimillonaria protección del inmenso imperio Sterling, se sometió durante doce meses a una metamorfosis total, exhaustiva e inhumana. Su cuerpo, debilitado por el parto prematuro y el abuso psicológico, fue forjado en acero inquebrantable mediante un riguroso entrenamiento de resistencia militar y artes marciales tácticas. Su rostro adoptó una elegancia depredadora, aristocrática e intocable, vistiendo armaduras de alta costura diseñadas en París que proyectaban un poder asfixiante. Pero fue su brillante mente la que sufrió la evolución más aterradora y letal; asesorada personalmente por los estrategas corporativos más crueles y efectivos de Sterling Global.

Aurelia dominó a la perfección la macroeconomía agresiva, las fusiones corporativas hostiles, la ingeniería financiera oscura, la ciberseguridad avanzada y el espionaje industrial militar, convirtiéndose en la vicepresidenta en las sombras del conglomerado internacional de su padre. No tardó ni un segundo en desplegar la vasta red de inteligencia cuántica de Sterling Global directamente sobre los servidores y operaciones de la empresa de su exesposo. A través de un equipo de hackers de élite, intervino silenciosamente las comunicaciones privadas, los teléfonos encriptados y los servidores en la nube de Camilla Thorne, la amante que había celebrado y orquestado su caída.

Lo que descubrió fue una verdad corporativa fascinante, repugnante y absolutamente letal: Camilla no era solo una amante ambiciosa y cazafortunas, sino una espía corporativa profesional e infiltrada que estaba robando metódicamente las patentes farmacéuticas experimentales de Tristan para venderlas al mejor postor entre los cárteles farmacéuticos rivales en los mercados negros de Asia. Camilla estaba cometiendo robo masivo de identidad corporativa, falsificación de firmas ejecutivas a nivel de junta directiva y un desfalco millonario directamente bajo las narices arrogantes y ciegas de Tristan. Aurelia sonrió en la fría oscuridad de su oficina blindada en Ginebra, sabiendo que la trampa perfecta e ineludible estaba finalmente lista para cerrarse.

Durante los siguientes seis meses, una racha de catastrófica mala suerte comenzó a devorar implacablemente el imperio de Tristan Morvan. Sus cadenas de suministro internacionales de materiales químicos colapsaron misteriosa y simultáneamente. Proveedores clave en Europa cancelaron contratos multimillonarios en el último segundo, alegando un repentino incumplimiento de confianza y riesgo de insolvencia. Las instituciones bancarias tradicionales comenzaron a negar de inmediato todas las líneas de crédito y préstamos a Morvan Enterprises tras recibir filtraciones anónimas sobre su inestabilidad financiera. Tristan, desesperado, completamente ciego ante la amenaza invisible y cegado por su propia arrogancia, no se dio cuenta en absoluto de que una corporación financiera fantasma con sede en las Islas Caimán estaba comprando silenciosamente el ochenta por ciento de su inmensa deuda tóxica, convirtiéndose legalmente en su dueña. Esa corporación fantasma era propiedad exclusiva y personal de Aurelia.

La paranoia devoradora comenzó a destruir rápidamente la frágil mente de Tristan; despidió a sus ejecutivos más leales, acusándolos a gritos de traiciones internas, mientras su relación romántica con Camilla se volvía increíblemente volátil, tóxica y llena de sospechas mutuas. Tristan necesitaba desesperada y urgentemente la firma del contrato farmacéutico con Sterling Global para evitar la quiebra absoluta, el embargo de sus bienes personales y la muy probable cárcel por fraude masivo a sus inversores. Rogó patéticamente por una reunión formal, suplicando por una última oportunidad de presentar su proyecto. Aurelia, manejando magistralmente todos los hilos desde la oscuridad, convenció pacíficamente a su padre de aceptar la reunión en la sede principal. El lujoso escenario estaba perfectamente iluminado, y el cordero ignorante caminaba voluntariamente hacia el matadero financiero, ignorando por completo que el verdugo era el fantasma vengativo de la mujer a la que él mismo había masacrado.

PARTE 3: EL BANQUETE DE LA RETRIBUCIÓN

El clímax apocalíptico, altamente teatral, impecablemente cronometrado y absolutamente devastador de la venganza corporativa fue programado con una precisión algorítmica y sádica para estallar en la monumental y fortificada sede central de Sterling Global en el corazón de Ginebra. Tristan Morvan llegó al inmenso salón de juntas acristalado sudando frío bajo su costoso esmoquin negro, con los ojos profundamente inyectados en sangre por las interminables noches de insomnio crónico y la devoradora paranoia financiera que lo había consumido durante los últimos angustiosos meses. A su lado, Camilla Thorne intentaba desesperadamente proyectar una falsa imagen de poder absoluto, aferrada a su brazo como un parásito aterrado que se aferra a un huésped moribundo a punto de colapsar.

En la inmensa e histórica mesa de conferencias de caoba maciza se encontraban sentados en solemne silencio docenas de los inversores institucionales más poderosos de Europa, banqueros suizos de rostro inescrutable y despiadados abogados corporativos, todos convocados bajo estricta confidencialidad. Todos esperaban ansiosamente la firma pública del magno contrato que salvaría milagrosamente el imperio de Tristan, o que firmaría su inmediata y catastrófica sentencia de muerte corporativa. Magnus Von Sterling, el legendario patriarca, estaba sentado majestuosamente en la cabecera de la mesa, con una expresión gélida e inescrutable que no revelaba absolutamente nada de la carnicería que estaba a punto de desatarse.

“Señor Von Sterling”, comenzó Tristan, su voz temblando levemente a pesar de sus inmensos esfuerzos por sonar en control de la situación. “Estamos completamente listos para finalizar este histórico acuerdo; este innovador contrato unirá nuestras empresas en una alianza invencible que dominará el mercado europeo.” Magnus lo miró de arriba abajo con un desprecio abisal, oscuro y silencioso que hizo que la temperatura de la sala pareciera descender de golpe. “Yo no tomo absolutamente ninguna de las decisiones finales y ejecutivas en esta división corporativa específica, señor Morvan”, dijo el anciano titán con una frialdad cortante. “Ese es el trabajo exclusivo y la prerrogativa absoluta de mi nueva Presidenta, CEO global y única heredera universal de la dinastía Sterling.”

Las inmensas y pesadas puertas dobles de roble macizo del salón se abrieron violentamente hacia adentro impulsadas por los guardias de seguridad, y el profundo sonido resonó como el golpe definitivo de una pesada guillotina. Aurelia Von Sterling hizo su histórica, divina e inenarrable entrada triunfal, provocando que el inmenso salón entero contuviera la respiración al unísono, sumido en un estado de shock absoluto, fascinación y terror primordial. Ya no era, en absoluto, ni un leve reflejo de la mujer rota, débil, embarazada y asustada que rogaba patéticamente por su vida en el suelo de mármol. Vestía un impecable, agresivo y afilado traje de alta costura rojo sangre arterial que exudaba un aura de poder letal, magnético, inalcanzable y asfixiante que literalmente robó el aire de los pulmones de cada inversor presente.

Caminó lenta, rítmica e implacablemente hacia el estrado central, con sus altos tacones resonando sobre el mármol como una cuenta regresiva inexorable hacia el mismísimo infierno financiero. Tristan palideció tan bruscamente que su piel adquirió el tono grisáceo de un cadáver abandonado en la morgue; sus rodillas cedieron por completo y tuvo que apoyar ambas manos temblorosas en la pesada mesa de caoba para evitar colapsar físicamente ante la visión del fantasma que venía a reclamar su alma. “¿Au… Aurelia?”, tartamudeó Tristan con la voz quebrada, con los ojos desorbitados por el pánico absoluto y la incredulidad, retrocediendo un paso. “¿Qué demonios haces aquí vestida así? ¡Se supone que estás en la calle… estás muerta para mí!” Camilla ahogó un grito agudo de terror puro y primario, retrocediendo apresuradamente e intentando esconderse torpemente.

“Es increíblemente difícil mantener un imperio global de mentiras cuando la mujer a la que tiraste a la basura como si no valiera nada resulta ser, biológica y legalmente, la dueña absoluta de todo el edificio en el que estás parado suplicando por migajas,” resonó la voz letal de Aurelia por toda la inmensa sala de juntas sin necesidad de utilizar ningún micrófono. Con un movimiento elegante y profundamente despectivo de su dedo índice enguantado, Aurelia ordenó a su equipo de ciber-analistas ocultos en las sombras que encendieran las gigantescas pantallas panorámicas LED que cubrían las paredes de la sala. La ruina total, el infierno penal, moral y financiero se proyectó sin piedad, sin censura y en gloriosa resolución 4K ante los ojos de la prensa mundial y los asustados inversores.

Primero, aparecieron los registros bancarios secretos en paraísos fiscales, las grabaciones de cámaras ocultas y los miles de correos corporativos encriptados de Camilla Thorne, revelando con evidencia irrefutable cómo la amante había estado robando metódicamente la propiedad intelectual más valiosa de Tristan y transfiriendo ilegalmente decenas de millones en fondos a cuentas fantasmas vinculadas a cárteles rivales. “Tu querida y leal amante, Tristan,” anunció Aurelia con una sonrisa gélida que heló la sangre de los presentes, “no es más que una vulgar rata de espionaje corporativo de bajo nivel. Y tú, por tu monumental estupidez y negligencia administrativa, eres cómplice directo de este desfalco masivo y fraude agravado a tus propios accionistas.” La sala estalló en gritos indignados mientras dos agentes federales de la Interpol irrumpieron en la sala con armas desenfundadas, sometiendo y arrestando a Camilla de inmediato, arrojándola contra la pared y esposándola con acero frío mientras ella gritaba histéricamente frente a los incesantes flashes de los fotógrafos.

Pero la despiadada y calculadora Aurelia aún no había terminado de ejecutar la sinfonía de su venganza absoluta. “Como Presidenta de Sterling Global, rechazo oficial e irrevocablemente tu patética propuesta de contrato y rompo cualquier negociación futura con tu miserable conglomerado,” dictaminó Aurelia, acercándose lentamente a Tristan hasta quedar a escasos centímetros de su rostro sudoroso y aterrorizado. “Pero hay algo infinitamente más importante y devastador para ti esta noche, Tristan. Como dueña absoluta, creadora y única accionista mayoritaria del ochenta por ciento de toda tu asfixiante deuda corporativa tóxica… acabo de ejecutar legalmente la cláusula penal de impago total y liquidación hostil hace exactamente tres minutos.” Perdiendo repentinamente toda la fuerza muscular en las piernas ante el colapso violento de su frágil ego y de su imperio, Tristan cayó pesadamente de rodillas sobre la espesa alfombra del salón, quedando exactamente a la misma altura en la que ella estuvo hace un año.

“¡Por favor, Aurelia, por el amor de Dios! ¡Te lo ruego!” sollozó el monstruo desmoronado, rompiendo en un llanto infantil, patético y ruidoso mientras se arrastraba de rodillas por el suelo frente a la implacable prensa, intentando inútilmente agarrar el inmaculado bajo del vestido rojo de su elegante verdugo. “¡Me iré a una cárcel federal de máxima seguridad! ¡No tengo nada! ¡Te lo daré todo, te devolveré la empresa, perdóname por favor, no me quites mi libertad!” Aurelia dio un ligero y elegante paso hacia atrás, apartando la lujosa tela de su vestido con un asco profundo y visceral, y lo miró hacia abajo desde su majestuosa e inalcanzable altura con una frialdad matemática y absolutamente vacía de toda compasión o piedad. “Me dijiste aquella tormentosa noche que sin ti, yo no tenía absolutamente nada y que mi legado era polvo,” susurró ella con una voz letal. “Mírate ahora, Tristan. Eres patético. Yo no regresé del abismo arrastrándome para pedirte migajas. Regresé para comprar con efectivo la fría jaula de acero en la que vas a morir de viejo. No te destruí con mentiras; yo simplemente encendí todas las luces de la sala de golpe, para que el mundo entero pudiera ver por fin la inútil y asquerosa basura que siempre fuiste en la oscuridad.”

PARTE 4: EL NUEVO IMPERIO Y EL LEGADO INQUEBRANTABLE

El desmantelamiento penal, financiero, mediático y social de la vida de Tristan Morvan no tuvo absolutamente ningún tipo de precedente histórico en la crónica de los crímenes corporativos y fraudes de cuello blanco en todo el continente europeo. Aplastado, asfixiado y sin la más remota escapatoria legal bajo la gigantesca e infranqueable montaña de pruebas forenses suministradas meticulosamente por el equipo de Aurelia a los tribunales internacionales de justicia, Tristan fue incapaz siquiera de articular una defensa coherente. Tras un veloz y humillante proceso devorado por el frenesí mediático mundial, fue sentenciado a múltiples décadas de prisión sin la menor posibilidad de libertad condicional por fraude corporativo masivo, malversación de fondos de inversores, evasión fiscal y conspiración criminal innegable.

Fue despojado absoluta y públicamente de su empresa, de su falso prestigio construido sobre la explotación, de sus inmensas cuentas bancarias confiscadas y de cualquier rastro de dignidad humana, siendo destinado a envejecer y pudrirse en el aislamiento absoluto de una minúscula celda de concreto en una prisión de máxima seguridad. Allí, en la perpetua oscuridad de su encierro, su inmensa locura, su arrogancia irremediablemente rota y su aplastante paranoia lo consumieron por completo mes tras mes, hasta convertirlo en un sucio y miserable fantasma de sí mismo. Camilla Thorne, la mujer que había sonreído sádicamente ante la agonía de una madre embarazada, corrió exactamente la misma trágica suerte, perdiendo irreversiblemente toda su arrogancia, su juventud superficial y su belleza en el frío e implacable acero de su oscuro confinamiento penal.

Contrario a los falsos y agotadores clichés poéticos que dictan obstinadamente que la venganza letal y calculada solo deja un vacío amargo en el alma y lágrimas de arrepentimiento estéril, Aurelia Von Sterling no sintió absolutamente ninguna crisis existencial, ni remordimiento moral, ni derramó una sola lágrima de duda. Sintió, desde la raíz más profunda de su ser restaurado y renacido de las cenizas, una satisfacción pura, electrizante, revitalizante, absolutista y profundamente embriagadora que recorría sus venas como fuego líquido. El ejercicio del poder total, aplastante y vindicativo a escala global no la corrompió, no la asustó ni oscureció su alma en lo más mínimo; la purificó y la templó bajo una presión extrema, forjando su intelecto superior y su espíritu inquebrantable en un diamante negro que absolutamente nada ni nadie en el planeta podría volver a lastimar o chantajear jamás en la historia.

En un agresivo, rápido y majestuoso movimiento corporativo a nivel mundial, Aurelia asimiló legal e implacablemente las inmensas y valiosas cenizas humeantes del imperio caído de Tristan, integrando toda su infraestructura tecnológica bajo el control absoluto de su propia división ejecutiva dentro de Sterling Global. Pero la brillante Aurelia no se detuvo en la simple acumulación de riqueza personal sin sentido; ella transformó todo su inmenso dolor y trauma del pasado en una estructura de poder filantrópico y legal completamente intocable y arrolladora. Utilizando los miles de millones en fondos confiscados y liquidados directamente de las cuentas de Tristan, creó y financió perpetuamente una masiva e imparable red internacional de clínicas de salud maternal y bufetes de protección legal pro bono, diseñados exclusivamente para proteger a mujeres embarazadas atrapadas en situaciones de abuso físico o fraude financiero por parte de parejas narcisistas.

No era una simple y mansa obra de caridad tradicional; era la construcción de un ejército impenetrable. Aurelia les proporcionaba la robusta infraestructura financiera, los letales equipos de abogados corporativos de élite y la estricta protección de seguridad privada necesaria para que otras mujeres vulnerables pudieran defenderse con éxito y aplastar legal y financieramente a sus propios abusadores despiadados de la misma manera magistral en que ella lo había logrado. Instauró así un nuevo e inquebrantable orden mundial ético en su vasta industria corporativa, estableciendo una meritocracia brutal y transparente donde los altos ejecutivos abusadores y los estafadores corporativos eran detectados rápidamente por sus sistemas de inteligencia y aniquilados financiera y mediáticamente en cuestión de horas, sin mostrar jamás una sola gota de piedad.

Muchos años después de aquella violenta, cataclísmica e inolvidable noche de retribución que cambió para siempre las reglas del poder financiero corporativo en el continente europeo, Aurelia se encontraba de pie, completamente sola y envuelta en un silencio regio y profundamente poderoso, inalcanzable para los mortales comunes. Estaba ubicada en el inmenso y vertiginoso balcón al aire libre de su colosal ático de cristal blindado y acero negro, situado con absoluta precisión matemática en el pináculo exacto del rascacielos corporativo más alto de Ginebra, un edificio monumental que su propio imperio de billones de dólares había erigido como símbolo supremo de su dominio global. A su lado derecho, de pie con una postura erguida y segura, se encontraba el joven Lucius, ahora un heredero perfectamente educado, aristocrático y letalmente inteligente, quien observaba el vasto mundo bajo sus pies con la misma mirada calculadora, fría y carente de miedo que caracterizaba a su imponente madre.

El gélido viento nocturno de la montaña jugaba suave y libremente con el pesado tejido oscuro de su abrigo hecho a medida, mientras ella observaba desde las nubes la inmensa, vibrante, caótica y brillante metrópolis que se extendía interminablemente como un mar de luces a sus pies. Sabía con absoluta certeza que la economía global ahora latía incondicional, voluntaria y silenciosamente al ritmo perfecto, seguro y dictatorial de sus infalibles decisiones operativas diarias. Había erradicado de raíz y para siempre a los parásitos venenosos de su vida utilizando un afilado bisturí de diamante, había recuperado a la fuerza su identidad robada y su inmenso legado de sangre, había salvado y asegurado el futuro glorioso de su adorado hijo, y había forjado, soldado y erigido su propio e indestructible trono de acero templado directamente desde las oscuras y humeantes cenizas de la más vil traición.

Su aplastante e indiscutible hegemonía, su poder financiero completamente inagotable y su posición inexpugnable, sagrada e intocable en la mismísima cima de la pirámide de la cadena alimenticia de la humanidad eran, desde ese preciso y sagrado momento, permanente y absolutamente inquebrantables. Al levantar la mirada lentamente y observar detenidamente su propio reflejo perfecto, impecable e intocable en el grueso cristal blindado antibalas de su inmenso balcón privado, solo vio existir frente a ella, devolviéndole la mirada con una intensidad aterradoramente hermosa, gélida y letal, a una verdadera y absoluta emperatriz omnipotente, creadora implacable y despiadada de su propio y glorioso destino.

¿Te atreverías a sacrificar absolutamente todo para alcanzar un poder tan inquebrantable como el de Aurelia Von Sterling?

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